Alargamiento Proximal del Gastrocnemio Medial en el Tratamiento de la Fascitis Plantar

Lee el artículo completo aquí

Introducción: definición y etiología

El dolor en la zona del talón o talalgia es uno de los motivos de consulta más frecuentes del pie y el tobillo. Puede afectar a pacientes de todas las edades, con una mayor prevalencia de dolor incapacitante en casi el 8% de los pacientes mayores de 50 años y en aproximadamente el 12,5% de los jóvenes reclutas militares(1). El término de fascitis plantar involucra la inflamación de la fascia plantar, proceso normalmente delimitado en el tiempo. El término de fasciopatía plantar (FP) es el más apropiado, dado que la fascia plantar es un tejido avascular y porque incluye los trastornos mecánicos que sufre el propio tejido: fibras de colágeno desorganizadas y desarrollo de nuevos vasos sanguíneos y nervios que contribuyen al dolor. Si bien la FP es el diagnóstico más común atribuido a la talalgia, existen innumerables cuadros clínicos que pueden presentarse con síntomas similares.

Los diagnósticos diferenciales de la talalgia se pueden dividir en 4 categorías, según su relación con:

  • El hueso (calcáneo): Fractura de estrés.
  • Edema óseo.
  • Tumor óseo.
  • Osteomielitis
  • El/Los nervio/s: Síndrome del túnel del tarso.
  • Neuropatía de Baxter (primera rama del nervio plantar lateral).
  • Neuropatía de la rama calcánea medial.
  • Radiculopatía S1.
  • Tejidos blandos y fascia plantar: Tumores de partes blandas.
  • Hematomas en el talón.
  • Atrofia de la grasa plantar.
  • Fascitis.
  • Rotura de la fascia plantar.
  • Fibromas.
  • Fasciopatía.

Cualquier patología médica que afecte a las propiedades viscoelásticas de la fascia plantar y los tejidos blandos influye en el desarrollo de la inflamación, de la rigidez y del dolor(2). En este sentido, en los casos de sintomatología crónica recalcitrante será necesario descartar las patologías descritas mediante las pruebas complementarias pertinentes: analítica, resonancia, electromiograma. Por encima de todo, es fundamental realizar una historia clínica adecuada y una exploración física exhaustiva.

La etiología de la FP es multifactorial, pero existen unos factores de riesgo reconocidos que incluyen: un índice de masa corporal (IMC) elevado > 30 kg/m2, bipedestación o impacto prolongado, aumento de la pronación del pie y una dorsiflexión del tobillo limitada(1,3). Conviene señalar que los estudios que identifican estos factores de riesgo han establecido asociación, pero no causalidad(1-3). Los síntomas suelen ser autolimitados hasta los 12 meses, pero pueden volverse crónicos hasta en un 10% de los casos(1,3).

Es fundamental llegar al diagnóstico correcto e identificar la/s causa/s de la FP. Solo así podremos obtener buenos resultados en el tratamiento de este grupo tan complejo de pacientes con síntomas crónicos refractarios a las terapias conservadoras.